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La
monotonía y el hastío hicieron mella en mi vida, la edad influía
como no podía ser de otra manera, los días pasaban uno tras
otro sin aliciente alguno. Hasta que un día decidí que mi
existencia no podía seguir por esa dirección. Como es natural,
siempre pasa así, tras el verano llega el otoño, esos días
nublados o con el sol luciendo apagado hacían que me sintiera
mal, muy mal ¿Qué puedo hacer para alegrar mis días? Creo que
llamaré a la puerta de mi vecina:
-¡Hola Amanda! ¿Puedo pasar? Tengo algo que proponerte.
-Pasa Lucía, ¡Cuéntame! ¿Cuál es tu proposición?
-Amanda, se que eres masajista titulada. Estoy muy abatida,
estresada y me encantaría que me dieras un masaje. ¿Puedes
hacerlo ahora?
-Espera, termino con un trabajo que estoy pasando al ordenador y
te daré ese masaje que tanto necesitas. Acompáñame a mi
despacho y miras lo que hago.
Así lo hice, la acompañé hasta su despacho y la observé. No
su trabajo, la miraba a ella, me fijé en su vestimenta, que
además de peculiar para trabajar en el ordenador era al tiempo
súper-excitante. Llevaba puestos unos pantys de cuerpo entero
ajustadísimos de una tela parecida al satén que marcaban sus líneas,
de su preciosa figura y calzaba unos zapatos de tacón alto de
aguja que le hacían aun más esbelta. Durante media hora estuve
allí, mirando como trabajaba y a la espera me diera el masaje
que tanto ansiaba:
-Ya he terminado Lucía. ¡Sígueme hasta la habitación para
masajes!
De camino hacia la sala de masajes me iba fijando en el
contornear de las caderas y su hermoso culo ¡Oh! Estoy baja de
moral y aburrida, pero no me gustan las mujeres ¿Qué me está
pasando? Me estoy fijando demasiado en el cuerpo de Amanda, es
preciosa no lo puedo discutir ¡Hace unos días, no me atraía!
Pero ahora estoy sintiendo un cosquilleo en mi interior que hace
que me preocupe ¿Seré lesbiana sin saberlo? O simplemente sea
una cosa pasajera ¡No sé, no sé! Al llegar a la habitación:
-Ya hemos llegado Lucía, ahí tienes un biombo en el que puedes
desnudarte y colgar tus ropas. Toma esta bata y póntela, yo
mientras tanto lo haces iré a cambiarme.
-Gracias Amanda, ahora mismo me desnudo.
Como Amanda me había indicado me desnudé dejándome
simplemente la ropa interior, me coloqué la bata y me senté en
el sofá a que llegara. Estaba nerviosa e inquieta porque nunca
me habían dado un masaje, ni hombre ni mujer. Entra Amanda:
-¿Estás preparada Lucía?
-Cuando tú quieras Amanda, estoy lista para empezar.
-¡Vale! Quítate la bata y tiéndete en la camilla.
Si cuando Amanda se marchó para cambiarse llevaba una
indumentaria excitante, ahora a la vuelta, no la llevaba menos.
Por vestimenta llevaba simplemente su calzado, unas sandalias de
tacón alto que dejaban al aire sus preciosos pies. En realidad
la situación era un poco ¡Muy embarazosa! Para mí, no así
tanto para ella que actuaba de lo más natural. Se comportaba
como si para ella fuera habitual ir desnuda para dar los masajes
¿Qué clase de masajista era? Me preguntaba al tiempo que mis
piernas temblaban cuando me dirigía hacia la camilla. Amanda al
verme con el sujetador y las braguitas puestas con una sonrisa
en sus labios me dice:
-Lucía ¿Te da vergüenza que te vea completamente desnuda?
-No Amanda, pensaba que el masaje me lo darías con la ropa
interior puesta. Ahora mismo me la quito.
Mientras temblorosa me despojaba lentamente e indecisa del
sujetador, observaba la esbelta figura de Amanda, con sus músculos
de piernas y manos bien trabajados en gimnasio. Su monte de
Venus y toda la zona vaginal totalmente depilada, dejaba a la
vista una simple hendidura en el centro de su musculosa vulva
que ocultaba sus labios vaginales. Vulva que me recordaba a la mía
propia cuando tenía 12 años, era realmente un placer
observarla ¡Me estaba excitando! Lo vuelvo a repetir ¿Cómo es
posible? Siempre me he tenido por una mujer heterosexual. Es
posible que este equivocada y que también me gusten las
mujeres, por lo que seguiré desnudándome y veré que pasa
cuando sienta sus manos en mi cuerpo. Cuando flexiono mi cuerpo
para bajarme las bragas, Amanda se acerca hacia mí, casi rozo
su vulva con mis labios ¡Los de la boca! Me pregunta:
-¿Te gusta?
-¿Qué Amanda?
-Mi coño depilado ¡Qué quieres que sea!
-Gustarme, la verdad es que no lo sé, es muy musculoso y parece
el de una niña ¡Debe ser muy suave! Así recuerdo yo el mío
cuando lo era ¡Que tiempos aquellos! Hace ya medio siglo.
-¿50 años Lucía? No los aparentas, pareces más joven ¿Quieres
comprobar si es suave?
Las pulsaciones de mi corazón estarían rozando los límites
permisibles para mi edad, sentía el ahogo característico de
las grandes emociones, parecía que se salía de la caja torácica
¡Qué exagerada! No, para nada, era tal la emoción y excitación
que parecía que el corazón me jugaría una mala pasada. Así
sucedió ¡Perdí el conocimiento! Lejano oía:
-Lucía... Lucia... ¿Qué te ocurre?
-No te preocupes Amanda, he tenido una bajada de tensión.
Sin proponérmelo, le pegué un buen susto a mi joven vecina y
masajista. En mi pérdida de conocimiento perdí totalmente la
consciencia y me oriné debido a la apertura de los esfínteres
de la uretra, le puse todo el suelo perdido. Cuando me hube
recuperado ayudé a limpiar todo, aunque ella no quería. Yo me
veía en la obligación de hacerlo y así lo hice:
-Ya está todo limpio ¡Siento mucho lo sucedido Amanda!
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Amanda
no dijo una sola palabra, me cogió de las manos y me acompañó
al cuarto de baño para que me diera un baño, baño que
aprovechó para masajearme muy cariñosamente. Una vez
terminado, me secó y tras unos minutos de hablar de lo
sucedido abandoné su casa dándole las gracias.
-Gracias Amanda, gracias por todo y perdona el susto que te he
hecho pasar.
-No te preocupes Lucía. Las cosas son como son, no como
queremos que sean.
Una vez en casa, nada más pasar el umbral de la sala de estar
me eche a llorar desconsoladamente. Había ido a pedir ayuda
para salir de la monotonía y en su lugar encontré una gran
decepción.
Ha pasado ya más de un mes desde el encuentro con Amanda, el
invierno es duro. Lo sucedido provocó en mí una depresión
que ya dura 6 meses, aún sigo creyendo que es invierno. Si
alguna vez ¡Espero que sí! Salgo de mi profunda depresión,
os prometo que os lo contaré.
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Publicar, un Relato escrito
por mi
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Libro
Virtual |
pág.
74 |
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