Las mejores webcams (maxima calidad)
Usuario: Contraseña:
Relatos Eróticos

obtener clave acceso para leer Libro Virtual gestialba.com
R
E
L
A
T
O
S
E
R
Ó
T
 I
C
O
S

Incesto con mi tía y amante 

Libro Virtual

Título: Incesto con mi tía y amante

Autor:
Gestialba.com
Productor:
Gestialba.com 
Gión:
Gestialba.com
Protagonista principal:
Aurora.
Actores: Aurora, Pedro, Pablo, Elena
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Fantasía - (Incesto)
Duración: 030 minutos 
Recomendada: 
Mayores de 18 años

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Solicita tu clave de Acceso para poder leer el Libro Virtual

Este libro de pequeños, y Grandes Relatos Eróticos, está totalmente escrito por nuestro escritor, y director de gestialba.com, ningún relato a sido copiado ni extraido de ningún portal, ni de ningún otro Autor.

Si te gusta leer, puedes pasar unos buenos ratos leyendo estos relatos eróticos, totalmente nuevos en la red. y GRATIS

leer Libro Virtual gestialba.com

Solicitar Clave Acceso

Mi tía Aurora es casada en segundas nupcias, se casó para poder tener un hombre a su lado, pero he de decir que Pablo, su actual marido tiene poco de hombre, es un homosexual que poco le importan las mujeres. Aurora es una mujer que a pesar de tener 60 años es todo un torbellino, no duda en tirarle los tejos a cualquier hombre que se le ponga por delante. Lo que relato me pasó hace ya algún tiempo.

Como de costumbre, al salir del lugar de donde trabajo, paso a visitarla, ya que mi madre 20 años menor que ella, siembre me da la tabarra para que lo haga, para ver si necesita algo. Así, lo hacía, aquel día era uno de esos en los que el frío cortaba, era un día de perros, caía una lluvia de la que hacían época en la zona en la que residimos. Eran las 7:30 de una tarde noche bien cerrada, llegué a casa y como siempre tenía por costumbre abrí la puerta con mi llave y entré dirigiéndome a la sala de estar, para ver si se encontraba en ella, ¡efectivamente, allí estaba!

-¡Hola Tía Aurora! ¿Cómo estás hoy? –Le dije al tiempo que la besaba en la mejilla.

-Muy bien, ¿Y tú? –Cortésmente y toda sonriente contestó.

Aurora estaba sentada en el sofá mirando un programa en televisión de algo que tenía que ver con el mundo de la restauración. Pero no es al programa a lo que quiero referirme, es a la postura que tomó para seguir viéndolo.

-Ven, siéntate aquí a mi lado, veremos los dos juntos como hacer la receta de la crema pastelera. –Dijo mi tía tomándome de la mano.

Pensaba que ese gesto de agarrarme la mano era una más de su forma de actuar, pensaba que me diría algo referente a ellas, ¡las manos! Pero me dejó gratamente sorprendido cuando llevó mi mano izquierda en dirección a sus piernas y la depositó encima de la rodilla derecha. Hacer aquello era un sueño, mejor dicho, una fantasía que rondaba mi cabeza desde hacía algunos meses. Tengo 20 años, y algo de experiencia con las mujeres, pero a pesar de eso, me puse algo nervioso por aquella situación.

-Tía, este programa es un tostón. –Dije para desviar un poco su atención.

-Si no te gusta, lo quitamos, mira... será lo mejor, porque también a mí me empezaba a caer gordo, ese gordo y pedante cocinero. –Contestó al tiempo que se levantaba sonriendo, porque ni el cocinero era pedante, y ni mucho menos gordo.

Se rompió el hechizo, se volatilizó el encanto de sentir la temperatura de su pierna transmitida a la palma de mi mano, ver sus piernas separadas, era algo que me empezaba a poner muy excitado. Sin decir nada, salió de la sala de estar dirigiéndose en dirección a su dormitorio, lugar que podía ver desde el sofá, ya que la puerta de la sala estaba abierta, entró en la habitación y allí permaneció hasta que la siento decir:

-Pedro, ven por favor, que te necesito para que me ayudes,

-Voy Tía. –Le contesté.

Apagué la televisión, y maquinando mil situaciones diferentes durante el corto trayecto hasta la habitación, ¡viví mi fantasía! Pero mi sueño se rompió cuando entré y mi tía estaba ordenando las cosas de un armario empotrado que tiene en ella.

-Necesito que me bajes esa caja del armario, pesa mucho y yo no lo puedo hacer. –Dijo señalando con su dedo índice hacia ella.

-Ahora mismo Tía Aurora.

Como pude, no sin pocos esfuerzos por mi parte, bajé aquella pesada caja, depositándola a los pies de ella que estaba sentada en la cama. Nuevamente despreocupada, tenía las piernas separadas por lo que pude ver sus bragas, ¡por cierto, blancas!

-¿Te gustan? –Dijo con picaresca mi tía.

Sin dejar de separar y juntar las piernas me enseñaba una y otra vez los muslos por su parte interior, la visión de las bragas era fantástica. Nervioso como estaba, y lento de reflejos dudé en contestarle, ya que entre sus manos tenía lo que parecían ser dos gemelos de oro y diamantes, supuse que recuerdo de su primer marido. No sabía si se refería a los gemelos o a la visión de sus bragas, por eso simplemente le contesté:

-¡Sí... me gustan!

-¿Quieres tocarlas? –Preguntó mi tía con una sonrisa dibujada en su cara.

Estaba confundido, nuevamente dudé si cuando me preguntaba si quería tocarlas, se refería a las bragas o a las joyas que tenía entre sus manos, cosa por la que sin hacer movimiento alguno contesté:

-¡Sí!

Sin duda alguna empecé a darme cuenta de que mi tía estaba jugando conmigo, tomó los gemelos en su mano izquierda, y con su derecha agarrando una de mis manos los depositó para que los pudiera ver y tocar. Aquello era un juego de insinuaciones que no sabía yo interpretar, tenía que ir con mucho cuidado de no equivocarme al recibir los mensajes que ella me daba. Si metía la pata, me podía meter en un lío, y estropear las buenas relaciones que mantenía con mi madre. Por eso, sin dejar de mirarle las piernas me pasé aquellas joyas de una mano a la otra y le contesté:

-Son muy bonitos, ¿de quién son?

-Eran de mi marido, ¡de mi primer marido! –Contestó poniéndose seria.

Como creía, corroboré que aquellos gemelos, y el contenido de aquella caja, eran recuerdos de su primer marido. Por cierto, en ese momento eché a faltar a Pablo, que siempre que podía estaba con nosotros cuando yo visitaba la casa.

-¿Dónde está Pablo? –Le pregunté.

-Se ha marchado de viaje, estará 15 días en Nueva York. –Contestó al tiempo que abría aún más sus piernas.

Lo que estaba sucediendo me estaba sacando de sí, seguía tan excitado que estaba pensando como dicen las mujeres en los chistes sexistas, con la neurona que tenemos en una de nuestras dos cabezas, ¡sí, con el glande de mi pene! No pensé en las consecuencias que un mal paso podía provocar en mi buena relación con mi tía y por supuesto con mi madre, por eso dije lo que dije:

-Tienes unas bragas de punto muy bonitas.

Con la mayor naturalidad posible, y como si nada de importancia tuviera el hecho, se levantó de la posición en la que estaba y remangándose las faldas se bajó las bragas y me las dio diciendo:

-Míralas, tócalas, son de seda y blonda, son muy cómodas y transpirables.

Con no poco nerviosismo, las tome entre mis manos y las acaricié, al tiempo que ella se dejaba caer las faldas hasta si posición inicial, nuevamente se sentó, y yo permanecí arrodillado ante la caja, acariciando sus bragas, y viéndole su arrugada raja. Tenía unos labios vaginales que era toda una delicia verlos. Sin poder aguantar la excitación, me llevé las bragas a la altura de la nariz y aspiré profundamente el aroma de su intimidad.

-¡Huelen de maravilla! –Exclamé.

Oler las bragas era una de mis debilidades, lo hacía con las de mi madre, y lo hacía con las de mis amigas, siempre que tenía la oportunidad, pero oler las de una mujer que me sacaba 40 años de diferencia no lo había hecho nunca. La experiencia fue sublime, no me pude aguantar y noté como de mi pene salía espontáneamente un chorro de líquido preseminal que sin duda, manchó el calzoncillo, ¡qué vergüenza!

-¿Te gusta mi olor? –Preguntó con naturalidad.

-Sí Tía, es un olor muy sensual, mezcla de tu perfume íntimo con el de tu propio sexo, ¡es el deseo de cualquier hombre!

Sonrió, no dijo nada, juntó las piernas y terminó con la exhibición de su raja, parecía como si hubiera cambiado de pensamiento, ya que siguió sacando cosas de la caja y contándome sus batallitas de cuando era joven. Mi excitación fue bajando de intensidad, pero mis pensamientos no me dejaban que me concentrara en lo que ella me iba contando. Sintiendo el tacto de sus bragas entre mis manos, de cuando en cuando las olía para extasiarme de su aroma, yo quería que aquello que había empezado que no terminara, tenía el convencimiento que hacer el amor con una mujer de esa edad debía de ser una de las cosas más maravillosa de este mundo.

-¿Tía, tu primer marido follaba bien? ¡Del actual, ni te hablo! –Le pregunté y exclamé.

Ella sonrió, le hizo gracia mi manera de actuar, Aurora sabía que lo que había hecho era calentarme, y que no me podía dejar así, pero quería que la cosa fuera sensual y excitante poco a poco, y no como pasa en las películas pornográficas, que cuando se desnudan sus actores pierde la película interés, porque ya solamente quedan imágenes explícitas de cómo se introduce el pene el la vagina, ¡ella no quería eso! Por eso calló, sonrió, pero calló, se limitó a remangarse un poco las faldas pero sin separar un ápice las piernas para que le pudiera ver los muslos. Muslos por cierto fantásticos para una mujer de 60 años. Mi tía parecía leerme la mente, parecía saber que a mí me gusta más imaginar que ver, por eso mi excitación volvió a retomar a la consistencia anterior, mi pene a penas si podía soportar la presión ejercida sobre la bragueta del pantalón.

-Pedro, si lo deseas, puedes acariciarme los muslos, ¡créeme, los tengo muy suaves! -Dijo en voz baja y muy sensual.

-¿No te enfadas si lo hago?

-No, no me enfadaré, lo haré si no lo haces. –Contestó en esa ocasión sonriendo.

Decidido, y ya sin pensar en nada ni en nadie, dejé sus excitantes bragas sobre los pies de la cama, y me abalancé a la tarea de acariciar los muslos de mi tía, que como ella me dijo eran suaves, ¡muy suaves! Su tacto era excitante, y su temperatura agradable al notarla sobre mis manos. Cuando la hube acariciado por los muslos y resto de las piernas hasta llegar a los tobillos, la descalcé para darle un masaje en los pies. Tomándola por las pantorrillas, primero uno y después el otro, la descalcé suavemente de sus zapatos de tacón. Ante mis ojos quedaron dos hermosísimos pies cuidados hasta el deleite, como deleite era acariciarlos y besarlos sin asco alguno, le olían como olían sus bragas, fue excitante darle un masaje del que ella parecía disfrutar, cosa que demostraba por los cortos gemidos que daba, ¡cierto es que disfrutaba! Pero mi tía no bajaba la guardia, no separaba las piernas para que el premio de ver su raja se hiciera lo más deseado posible. Un fuerte estruendo nos sacó de lo inmerso de nuestros juegos.

-¿Qué ha sido eso? –Gritó casi aterrorizada mi tía.

-Ha sido un rayo que debe haber caído cerca, ha sonado como si hubiera caído en el edificio de enfrente. –Le dije.

Toda la magia y la excitación que yo tenía, y la que imaginaba que sentía ella, se fue al traste, con nuestros corazones palpitando acelerados por el susto que acabábamos de tener, no dirigimos raudos al ventanal de la sala para ver si el rayo había caído y creado algún daño. Efectivamente, el rayo había impactado en un lateral de la vivienda a la altura de la azotea, destrozando un buen trozo, que por lo que se veía en el suelo se precipitó quedando esparcido por toda la calle. Por suerte, o por designios del destino, nadie pasaba por ese lugar, en ese preciso momento, ¡nada pasó! Ese estruendo dio paso a muchos otros y con ellos una tormenta de agua y viento como nunca jamás había yo vivido. Pasamos mucho, pero que mucho miedo durante los más de 40 minutos que aquello duró. En esos momentos, no había lugar al erotismo, estábamos expectantes por ver si sucedía algo. Ring, ring... el teléfono sonó:

-¡Hola Elena! Tranquila, que Pedro está aquí. –Le dijo a mi madre.

Le contó el miedo que habíamos pasado, y que estábamos bien, pero que como tenía tanto susto, le agradecería que me quedara a dormir en la casa con ella, ya que su marido estaba fuera. Cosa a la que mi madre no solo no puso objeción alguna, sino que estuvo encantada de que lo hiciera.

Como siempre pasa, después de la tempestad, viene la calma, aunque la noche se presentaba como el día, ¡de perros! Los relámpagos y los truenos se fueron alejando, pero la ventisca y la lluvia no amainaban. De nuevo, y ya que teníamos toda la noche por delante, nos fuimos a la habitación para seguir viendo cosas de aquella caja con objetos del marido de mi tía, cuando ellos dos eran jóvenes. Antes de sentarse en la cama por delante de la caja, Aurora se acercó al cajón de la cómoda y de él sacó unas medias de fina seda color carne, ¡del color, de sus blancas carnes!

-¡Toma Pedro, pónmelas! –Dijo mi tía Aurora dándomelas.

Con mis amigas nunca había realizado esta clase de juego erótico, con ellas vamos al grano, desnudos en 10 segundos, y listos en dos minutos, ¡las chicas que conozco, son así, muy rápidas! Muchas veces he pensado que deberían de haber nacido conejas, ¡sí, por lo de lo rápidos que hacen la cópula los conejos! Bueno, bromas a un lado. Lo que mi tía me proponía era una cosa muy sensual, ponerle las medias lentamente era un fetiche que me encantaba llevar a buen término.

Siguiendo con su forma de no enseñar más que lo necesario, sentada en la cama, cruzó las piernas dejando primero la derecha en posición para poderle colocar la media, aparté la caja para poderme arrodillar ante ella, le quité los zapatos que otra vez tenía colocados, con gran suavidad empecé a remangar una de las prendas para podérsela colocar de la mejor manera posible, reclinado sobre la pierna con mis labios besé el empeine y encaré la media para introducir el pie y poco apoco, con suavidad fui acariciando sus piernas fui colocando la media hasta llegar al muslo, que levantaba para facilitar la operación, pero que en ningún momento separaba. Lo mismo hice con la otra media, antes de eso, Aurora se dispuso a cambiar la posición de las piernas, en dicho movimiento dejó que le viera por un instante su vagina ya algo brillante debido a la excitación.

-¡Pedro, ahora cálzame! –Exclamó con una sonrisa de oreja a oreja.

Como me pidió la calcé tras acariciar las piernas y los pies sintiendo el tacto de la fina seda en mis manos. Mi tía estaba logrando que poco a poco me vaciara, mi pantalón estaba que estallaba, y a la altura de la pernera tenía una mancha debida al líquido que poco a poco mi próstata iba produciendo, nuca me había pasado algo así, ¡siempre hay una primera vez!

Yo pensaba, qué es lo que tendrá ahora en mente esta mujer para sorprenderme, pronto salí de la duda, me tomó de la mano y me arrastró hasta que llegamos a la sala de estar, me dejó a la altura del sofá para que me sentara, y tras acercarse hasta el equipo de música, y poner una música romántica empezó un baile sugerente y no menos sensual. Al tiempo que bailaba se acariciaba de arriba abajo por todos los contornos de su cuerpo, de vez en cuando hacía como una flexión hasta quedar arrodillada, momento en el que podía ver su coño totalmente mojado debido a la excitación, cuando se volvía a poner en pie, aprovechaba para levantarse una parte de la falda y dejar todo el muslo al descubierto, aquella era una danza erótica estudiada y ejecutada con arte por toda una diosa del amor. Al rato de estar bailando y acariciando su cuerpo, se acercó hasta donde estaba yo observando, extendió sus manos para invitarme a participar en ese ritual de insinuación.

-Ven cariño, haz que tu anciana tía se sienta nuevamente una mujer, baila y disfruta de mi cuerpo al tiempo que disfruto del tuyo. –Dijo clavando su mirada el la entrepierna mojada del pantalón.

-¡Ostras Tía, no digas que eres una anciana! Eres una mujer muy hermosa, que todavía tiene mucha vida por delante, mis amigas de 20 años, ya quisieran ser lo hermosa y sensual que eres tú.

-Pedro, eres todo un caballero, tú si que sabes como alagar a una mujer, sabes como alimentar su ego.

Me agarró por la cintura como si yo fuera la chica, y con movimientos estudiados, empezó a besarme y lamerme, por la cara y el cuello, sus labios por momentos rozaban los míos, ¡que placer! Sentía algo inexplicable, el placer que experimentaba no se parecía al que gozaba cuando besaba a mis amigas, los labios y la lengua de mi tía eran otra cosa, ¡me hacían estremecer!

-¡No puedo más... siento que me voy a correr! –Le dije con urgencia al oído.

-Hazlo, no te preocupes, hazlo dentro, impregna tus calzoncillos y el pantalón, ¡eso me pone!

Ya no era cuestión de que me preocupara o no, lo cierto era que ya no podía mantener por más tiempo la excitación de tener entre mis manos a mi tía, supongo que por el morbo de estar practicando el incesto con ella, estaba tan excitado que me corrí, y lo hice con tanta fuerza que parecía como si me estuviera orinando, ¡cielos, qué placer, qué mancha en el pantalón!

-¡Qué corrida! Parece que llevabas mucho tiempo sin que una mujer te excitara. Deja que te abra la bragueta, deja que vea, que libere al causante de ese enorme bulto que esconde el pantalón. –Dijo mi tía sonriendo con ojos como platos.

No terminó de hablar cuando me estaba bajando la cremallera para acceder al erecto, sacrificado y reprimido pene, que estaba a disgusto dentro del pantalón. Pero antes de liberarlo, lamió un poco de la mancha del mismo.

-Pedro, es fantástico, tu semen me sabe a fresas, ¿chico, que es lo que comes? –Dijo con guasa, al tiempo que liberaba el pene y lo lamía con la punta de la lengua.

Sin darme tiempo a más, me bajó los pantalones y los calzoncillos hasta que descansaron sobre mis tobillos, si hubiera tenido que salir huyendo, me habría metido una ostia de tres pares de cojones, me hubiera caído todo lo lago que soy, ya que los pantalones y los calzoncillos hacían de grilletes. En aquella situación en la que mi tía me había dejado, no resultaba ser muy sensual, pero a ella poco le importaba, lo que en ese momento le tenía entretenida era mi enorme y erecto falo, digo enorme, cuando en realidad no es nada del otro mundo, es un pene que apenas rebasa los 19 centímetros de longitud, y los cinco de diámetro, que mi tía parecía alucinar al verlo, por lo que dijo:

-¡Hijo, qué aparato! Esto es una polla, si señor, ¡como voy a disfrutar de ella!

¡Qué dices Tía, pero si es una picha de lo más normal, tirando a pequeña! –Le dije hablando es serio.

Fuera pequeña, o grande como ella decía, lo cierto es que empezó a lamerla y a succionarla de tal manera que tras unos minutos de arduo trabajo y después de unos gemidos por mi parte le dije:

-¡Tía, ten cuidado... que me corro!

Aurora no pareció sentirlo, o no quiso hacerlo, el caso es que permaneció con mi pene palpitante en su boca para recibir directamente el producto de mi corrida en el interior de su garganta, chupó, y succionó hasta dejarme sin una sola gota de líquido, ¡era toda una experta! Una profesional en el arte de la mamada, ¡cómo disfruté! Yo no sabía lo que ella experimentaba, pero creí que también estaba disfrutando de aquel encuentro.

No había pasado una hora, y mi tía había hecho que me corriera dos veces, y todo sin que aún no la hubiera visto desnuda, sin que no le hubiera podido tocar el coño, o acariciado sus tetas.

Después de ese asalto, con mi tía casi todavía relamiendo los restos de semen en su boca, me sentó en el sofá para descalzarme y quitarme el pantalón y los calzoncillos.

-Espera, que los voy a llevar a la lavadora, los pondré a lavar, para que mañana los tengas secos, ¡sino, qué pensará tu madre! –Dijo con mirada lujuriosa.

Cuando se retiraba en dirección al lavadero, se alzó la falda dejándome ver sus torneadas y blancas nalgas, ¡dioses, eran preciosas! Sabía como seguir excitándome y al tiempo provocarme para que mi excitación no decreciera... cuando unos minutos después volvió lo hizo, con la falda algo subida, dejando ver casi la totalidad de sus medias, le veía los muslos pero sin dejar que le llegara a ver la vulva. Se contorneaba insinuante, provocadora, mi pene al verla, rectifico, al verla, mi cerebro le dio una orden directa a mi pene para que este palpitara de excitación.

-¿Todavía la tienes así de dura? ¡Cariño, eres todo un semental! –Dijo acercándose.

En las manos traía lo que identifiqué como una maquinilla de afeitar, un bote del gel, una palangana con agua y echada sobre el hombro una toalla. ¿Qué es lo que pretenderá ahora? Me pregunté para mis adentros. Pronto me sacó de la incertidumbre en la que estaba. Se arrodilló delante de mí, y aunque mi erecto pene, casi le llegaba a la boca, por esa vez lo dejó descansar, tomó el bote de gel y me untó un poco en el pubis, ¡estaba claro! No pretendía otra cosa que afeitarme el vello púbico. Me equivoqué, no solamente quería afeitarme los vellos del pubis, lo hizo en toda la zona genital, incluidas la anal y del perineo.

-Tía, eres fantástica con tus toqueteos me has provocado..., prepárate que estoy nuevamente a punto de correrme. –Dije a penas sin poder articular palabra debido a la inminente oleada de espasmos provocados por el orgasmo.

En ese momento descubrí, que mi hermosa, excitante y madura tía, disfrutaba con el hecho de saborear y de tragarse el semen que de mi pene salía, ligera como el relámpago, relámpagos que por cierto empezaban a alumbrar de nuevo, la tormenta arreciaba. Introdujo el pene en su boca para no perder ni una gota. Vi, me di cuenta de que disfrutaba con eso, pero no me esperaba lo que hizo, cuando ya le quedaba poco que tragar, con lo que tenía retenido de semen en su boca, y junto con la saliva que la excitación le producía, se acercó a mi boca y me soltó todo el contenido de la mezcla que contenía en la suya, ¡nuevamente, dioses, qué placer!

-¿Te ha gustado Pedro? –Me preguntó.

-¡Sí, Tía! Me ha gustado la mezcla de sabores, he de decirte que el sabor de la fresa de mi semen mezclado con el fresco aroma de menta de tu saliva, es un elixir parecido a la ambrosía. –Le contesté.

-¡Tú si que sabes chico! Estoy orgulloso de mi hermana, ha tenido un hijo que sabe como tratar y alagar a una mujer, ¡eres fantástico!

Entre halagos y flores, el tiempo iba pasando, sin darnos cuenta ya eran casi las diez de la noche, mi excitación no decrecía lo más mínimo, mi tía era una experta que sabía como hacer que el ascua del deseo permaneciera encendida, ya lo creo que lo sabía, habían pasado dos horas y media, y la deseaba como si fuera el primer minuto en el que la había visto. Yo estaba desnudo de medio cuerpo, pero ella seguía totalmente vestida, solamente le faltaban las bragas, que estaban allí olvidadas sobre los pies de la cama en su dormitorio.

Aún relamiéndonos del sabor de nuestros jugos, mi tía empezó con un nuevo juego, se acercó hasta mi oído derecho y dándome suaves besos y lamidas en el lóbulo con voz sensual como lo era la suya dijo:

-¿Te gustaría acariciar uno de mis caídos pechos?

-Sí tía, me encantaría, pero no creo que los tengas caídos. -Le dije por que era en realidad lo que pensaba.

Ella no dijo nada, se limitó a separarse y a quitarse la camisa que llevaba puesta, ante mí, quedó un elegante sujetador blanco a juego con sus bragas que contenían unos redondos y no muy grandes pechos, ¡estaba deseando verlos! Se giró dándome la espalda y dijo:

-Pedro, abre el cierre, y dejaré que me acaricies los senos.

Siempre he tenido gran habilidad abriendo esos incordios de inventos, cierres que a algunas personas tanto les cuesta abrir. Lo abrí, y su espalda quedó despejada ante mí, no pude reprimir el deseo de acariciarla y así lo hice.

-¡Qué fría tienes las manos cariño! –Dijo mi tía al tiempo que se giraba enseñándome sus pechos.

Lo que sospechaba era cierto, mi tía tenía unos preciosos pechos, redondos y tersos, algo pequeños pero que eran todo una delicia, eran como los de una chica de 18 años, casi no me podía creer que una mujer con 60 años tuviera aquellos excitantes y apetecibles pechos.

-Perdona tía, por el frío de mis manos, que hacen contrastes con el ardor de mi cuerpo, deja que con ellas acaricie tus pechos, pásame el calor de tu cuerpo. ¡Por cierto, de pechos caídos nada! Tienes unos senos de jovencita que son una delicia, ¿realmente tienes 60 años?

-Pedro, eres un adulador empedernido, estoy orgullosa que seas mi sobrino, de verdad, te repito sabes como tratar a una mujer. –Dijo dándome un beso en los labios.

Tocar sus pechos, nuevamente provocó en mí una erección de las que hacían época, apenas me podía acercar a ella debido a la erección. La escena era muy cinematográfica, ella desnuda en su parte superior, yo desnudo en la inferior. La cosa ya no tenía solución se estaba precipitando a pasos agigantados, a ella se la veía deseosa de ser penetrada y yo deseando de hacerlo. Fue ella quien dio el paso, me despojo de la camisa, y yo la despojé de la falda, ¡cielos! Me parecía estar viviendo una fantasía, que mujer, qué cuerpo, tenía la figura de una modelo de revista, y todo a pesar de sus 60 años.

-¡Puedes hacerlo, lo estás deseando! –Dijo Aurora como leyéndome la mente.

No me podía aguantar por más tiempo, estaba deseando meter mi pene en aquella preciosa raja, que estaba chorreando de flujo vaginal. Pero ya había aguantado tanto que entes de introducirle la polla, le regalé con un cunnilingus que hizo sus delicias.

-¡Sigue, corazón sigue...! –Gritaba enardecida mi tía.

El sabor de los jugos de su coño, era diferente al que tenían mis amigas, mi tía era una mujer diferente en todo, era una mujer fuera de lo normal. Ya estaba tan excitado que no pude contener más mi eyaculación, con urgencia me puse en pie, y en esa posición le introduje el pene en su vagina hasta el pondo, dejé toda mi semillas en sus entrañas, satisfecho y tranquilo de saber que no podía quedar embarazada.  

G

e

s

t

i

a

l

b

a

.

c

o

m
 

Aquella noche fría de perros y de tormenta que no cesaba, fue la primera noche de muchas que le prosiguieron, ya que mi tía desde ese día es mi amante y yo el de ella, ¡claro está!

Tenemos mucho cuidado de que no nos descubran, si lo hicieran y mi madre supiera lo que estamos haciendo creo que se moriría del disgusto, del disgusto de saber que su hermana mayor no es una santa como ella cree.

He de reconocer, que mi tía me satisface más que lo habían hecho mis amigas hasta ese momento. Aunque mi tía en infinidad de ocasiones me ha dicho que no deje de salir con mis amigas, yo desde el primer día le he sido fiel. Estoy enamorado de ella y estoy orgulloso de que ella lo esté de mí. ¡Verdad! 

 

¿ Qué le a parecido el Relato qué a leído ?  

Malo

Regular

Bueno

Muybueno

Excelente

Publicar, un Relato escrito por mi
Libro Virtual pág. 52

PVP 0 euros pide el tuyo ya

¿ Te gusta escribir... ? y crear tus propios Relatos Eróticos...?

Bien hemos creado una sección, donde podrás Añadir tu propio relato erótico, siempre que cumplas nuestras normas de publicación... Si te gusta leer y que lean, este va ser tu nuevo libro de relatos eróticos que leas, donde y tu si quieres participas, leiendo a nuestros editores, o publicando tus propios relatos eróticos...

Solicita clave de Acceso para poder leer el Libro Virtual

Este libro de pequeños, y Grandes Relatos Eróticos, está totalmente escrito por nuestro escritor, y director de gestialba.com, ningún relato a sido copiado ni extraido de ningún portal, ni de ningún otro Autor.

Si te gusta leer, puedes pasar unos buenos ratos leyendo estos relatos eróticos, totalmente nuevos en la red. y GRATIS

 
enviar mi propio relato erótico obtener clave acceso para leer Libro Virtual gestialba.com

Muy importante

Enviar mi Relato

Solicitar Clave Acceso

 Aquí te explicamos un conjunto de cosas que debes tener en cuenta a la hora de enviar tu relato.

INSTRUCCIONES PARA ENVIAR CORRECTAMENTE TU RELATO

Para poder leer el libro de relatos virtual, y publicar relatos eróticos, tienes que solicitar y obtener tu clave de acceso.

Debes de enviar tu relato a infor@gestialba.com

Tu Relato Erótico será revisado y publicado. en la sección lectores

Envía tu relato en formato Word (.doc) de ser posible, esto te ayudará para auto corregir tus textos.

Cuida tu ortografía y la redacción del relato.

Coloca el título del relato, nombre o nick del autor y correo si deséas que sean publicados, dejando aclarado cuando no deséas que se pongan ambos datos o alguno de los dos.

Recuerda que no son aceptados los relatos menores a dos folios Word.


No son aceptados los Relatos que contengan:

  • Edades inferiores a los 18 años.

  • Gore. 

  • Violencia .

  • Sexo no consentido

  • Zoofília.

  • Pederasta, ni sexo imaginario con niños ni menores de edad. 

Cuando nos envíes tu Relato, en breve será revisado y publicado.

Muchas gracias por tu colaboración.

Necesitamos tu ayuda, para crear un portal de Relatos Eróticos, con la máxima calidad y con tus mejores imaginaciones y fantasias eróticas... no dudes en mandar tu relato erótico, nosotros te lo publicaremos en la sección de relatos de nuestros lectores, gracias por visitar nuestro libro de Relatos Eróticos Virtual.


El ingreso y uso de este Sitio y todo su Contenido está expresamente PROHIBIDO PARA MENORES. Certifica que es mayor de 18 o de 21 años, si así lo disponen las leyes que le rigen donde se encuentra. La visualización de desnudos, actos sexuales y/o material de contenido adulto para propósitos de entretenimiento debe ser legal en el país desde donde accede al material. En caso de no cumplir con estos requisitos, haga Click Aquí para abandonar este Sitio.

 En conformidad con el Código de los Estados Unidos, Título 18, Sección 2257