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Mi
fantasía inconfesable, es la de realizar el acto sexual con
una mujer madura y mi vecina lo es. Llevo algún tiempo
maquinando un plan para poder llevarla a la cama, pero no se
me ocurre nada original, como no sea abarcarla descaradamente
y proponerle realizar todo lo inimaginable con ella ¿Aceptará?
Un
día por esas casualidades que gasta la vida, me tropecé en
el ascensor ¡Estábamos los dos solos!
-¡Buenos
días Sra. María!
-Buenos
días chico ¿No tendrías que estar en el colegio?
-¡Cómo
que en el colegio! Ya tengo 27 años y he acabado la carrera.
-¿Qué
carrera chico?
-Ingeniería
mecánica Sra. María.
El
trayecto hasta el quinto piso no dio para más, tenía que
actuar rápido si no que ría perder la ocasión de proponerle
que se acostara conmigo. Al salir del ascensor aproveche que
iba cargada y le dije:
-¡Déjeme,
le llevaré los paquetes hasta su casa!
-Muy
amable chico ¡Con estos tacones apenas puedo dar un paso más!
El
anzuelo estaba echado, ahora solamente faltaba que la mujer
madura de mis fantasías aceptara la proposición.
-Entra,
deja los paquetes ahí en la cocina ¡Oh, qué cansada! ¿Quieres
tomar algo chico?
-Llámeme
Jacinto. Me conoce usted desde que era un bebe.
-¡Hay
chico, perdona! Me hago vieja y no recuerdo infinidad de cosas
¿Puedo pedirte una cosa Jacinto?
-Lo
que desee Sra. María ¡Será un placer ayudarle!
-Mira
que lo que te voy a pedir es un poco inusual ¡Lo mismo te
sorprende!
Se
había sentado en sofá del salón con los zapatos quitados,
puso las piernas encima y se frotaba los pies uno contra el
otro. Hasta ahora no me había fijado pero María mi madura
vecina tenía unas piernas muy bonitas y muy bien cuidadas
para sus casi sesenta años.
-¡No
se preocupe! ¿Dígame, qué es lo que desea?
-No
sé como decírtelo, me da vergüenza ¡Pero lo haré! Estoy
muy cansada y tengo los pies doloridos ¿Me haces el favor...?
-¡Dígame!
-Es
que no me atrevo ¡No quisiera abusar de ti! Necesito que me
bajes las bolsas de basura y las tires al container ¿Lo harás?
María,
mi vecina mujer madura y ya algo senil, parecía estar tomándome
el pelo. Yo creía que me pediría que le diera un masaje y me
sale con que le tire la basura ¡Soy un incomprendido! Nada de
lo que me propongo me sale bien.
-¡Por
favor, cómo no! Por usted lo que quiera ¿Dónde están las
bolsas?
Me
indicó donde estaban las bolsas sin levantarse del sofá, de
camino a la galería que es donde las tenía pase frente a la
que parecía ser su habitación ¡Sorpresa! Sobre la mesita de
noche tenía un arsenal de consoladores de todos los tamaños.
Sin duda alguna esa madura mujer estaba necesitada de una
buena polla como la mía ¿Qué puedo hacer, si lo que quiere
es que le tire la basura? Desde el salón escucho:
-¿Jacinto,
las has encontrado?
-Sí,
Sra. María ¡Ahora mismo las bajo!
-Vale
cuando las hayas tirado vuelve que te daré una propina por
ser tan educado y amable ayudando a una vieja mujer. No
cierres la puerta, no tengo ganas de levantarme.
Mientras
regresaba subiendo en el ascensor me pasaron por la cabeza
infinidad de formas de ser pagado por mi trabajo. Una de ellas
sería la de dejarme que le lamiera su maduro coño ¡Qué
delicia! Nada más de pensarlo, mi pene ha tomado un gran tamaño
¡No puedo aparecer así! Pensaré en otra cosa antes de
entrar ¡Qué apuro! Entré
y me dirigí a la sala de estar, María seguía en la misma
posición en la que la dejé pero con la diferencia de que
estaba dormida ¿Ahora que hago? En ese momento se acurrucó
dejando sus muslos un poco al descubierto ¡La imagen era
sensacional! Sus muslos al alcance de mis manos ¡Y ella
dormida! En un arrebato de locura me acerqué y le levanté el
vestido dejando todo su bonito culo al descubierto ¡Qué
agradable sorpresa! No llevaba las bragas puestas. En esa
posición aunque tenía las nalgas juntas alcanzaba a ver un
poco de su vulva por su parte trasera ¡Qué erección! Si
ahora se despierta y se ve con la falda levantada se puede
enfadar y denunciarme. Nervioso le bajé la falda hasta su
posición inicial y deje que mi erecto pene disminuyera en su
tamaño y la llamé:
-Señora
María, señora ¿Está usted dormida? He venido para recoger
la propina.
-Ya
te la he dado ¿Quieres más?
María
la vecina madura estaba resultando ser más lanzada que
algunas de las amigas jóvenes que tengo. La posición que tenía
y la falta de bragas eran para que yo la disfrutara. Le seguí
el juego:
-Sí,
la he visto, pero no me he atrevido a cogerla ¡Soy muy tímido!
-Gracias
te puedes ir, déjame dormir. Vuelve esta noche sobre las
diez, tendré algo más de propina.
Me
marché a casa y me puse a ordenar unos papeles que tenía en
mi despacho, como era viernes no tenía mucho trabajo ya que
es unos de los días más tranquilos. Mi madre me preguntó
por que había tardado tanto en venir. Le dije que me había
encontrado con unos amigos y que por la noche saldría con
ellos. Si todo salía como esperaba la noche del viernes y
madrugada del sábado las pasaría con María mi madura y
hermosa vecina, esta vez no sería tímido ni me cortaría, iría
al grano. La noche como no podía ser de otra manera llegó ¡Siempre
llegan! Salí de mi casa y cogí el ascensor por si mi madre
me estaba vigilando, bajé y volví a subir por la escalera
para no ser visto, llamé a la puerta de María:
-¿Quién
es?
-Soy
Jacinto, vengo a recoger la propina que me prometió.
-¿De
qué propina hablas?
-¿No
se acuerda? La propina por haberle bajado esta mañana las
bolsas de basura.
-Lo
siento, no me acuerdo ¡No sé de qué me hablas!
Sin
decir nada más y cortado como nunca lo había estado bajé de
nuevo por las escaleras y volví a subir en el ascensor hasta
el rellano de mi piso. Dije a mi madre que habíamos aplazado
la salida ya que uno de mis amigos se encontraba mal. Me puse
a estudiar un poco las materias que más necesitaba reforzar
de mi carrera, suena el timbre:
-¡Buenas
noche María! ¿Qué es lo que deseas a estas horas?
-Tengo
mucho miedo, hace un instante ha venido un chico y ha llamado
a mi puerta diciendo que venía a recoger una propina por
haberme bajado esta mañana la basura ¡Estoy intranquila! ¿Puedo
quedarme un rato aquí?
-¡Claro
pasa!
Desde
mi cuarto las escuché hablar, yo no tenía ni idea, pero la
madura vecina María estaba la pobre más que ida ¡Sin dudas
tiene principios de alzheimer! Pobre mujer, y yo pensando que
me había tirado los tejos y que esta noche recibiría mi
propina. Mi madre se acerca:
-Jacinto,
quiero que hagas una cosa, acompaña a
la Sra.
María
a su casa y quédate hasta que se duerma. Dice que un chico ha
llamado a su puerta y tiene miedo ¡Lo harás!
-Mamá,
es una vieja.
-Por
eso que es una vieja, hay que tratarla con amabilidad ¡No está
bien de la cabeza!
No
sabía, no podía decirle nada a mi madre de lo sucedido, salí
hasta el salón, las piernas me temblaban ya que no sabía
como reaccionaría María al verme:
-Hola
chico ¿Eres Jacinto? Que grande estás.
-Sí,
Sra. María he crecido, ya tengo 27 años. Vivo con mi madre
pero ya soy todo un hombre.
¡Todo
un hombre! Soy un payaso (con perdón de los payasos) que no
hace más que meterse en líos por querer follar con una mujer
madura cuando lo puedo hacer con una de mi edad ¡Ocasiones no
me faltan! Ahora como castigo tendré que pasar la noche con
una mujer que no se acuerda ni cómo se llama.
-Vamos
Sra. María, le acompaño a su casa, estaré con usted hasta
que se le pase el miedo ¡Veremos la televisión juntos!
María
para estar mal de la cabeza, no parecía estar dejada en
cuanto a su cuidado personal, olía realmente bien, parecía
que estaba recién bañada con ese olor fresco que deja el jabón
al salir del baño. Nos sentamos en el sofá frente al
televisor para ver una película de ciencia ficción que daban
en la televisión pública. Me había sentado en el lado
opuesto del que ocupaba María, pero no habían pasado cinco
minutos cuando ella se acercó y se colocó junto a mí
rozando su cuerpo con el mío. He de decir que con lo caliente
que estaba mi excitación fue de las que hacen época, para
distender un poco la situación pregunté:
-¿Le
gusta la película Sra. María?
-¡No
está mal! Tengo un poco de frío abrázame.
Si
mi madura vecina hubiera sido una persona en sus cabales, no
hubiera dudado ni un solo momento en abrazarla y acariciarlas
hasta hacerla gritar de placer ¡Pero! Cómo aprovecharse de
una mujer que no sabe lo que quiere.
-¿Dónde
hay una manta? Iré por ella y la taparé para que entre en
calor.
-No
quiero manta, quiero que me des calor abrazándome Ernesto.
-Señora,
no soy Ernesto ¡Soy Jacinto el vecino!
Lo
que me faltaba ya para acabar la noche, con todos los triunfos
en mi mano es que María me confundiera con Ernesto, le daré
conversación para ver si se la pesa:
-¿Quién
es Ernesto?
-¡Déjate
de coñas! ¿Quién va ha ser Ernesto? Tú, mi marido.
No
sabía donde meterme, ella se acurrucaba y solicitaba ser
abrazada por el que ella creía que era su marido ¡Y si
aprovecho la ocasión! Doy rienda suelta a los acontecimientos
y cumplo así mi fantasía de follar con una mujer madura ¿Qué
puede pasar? La abracé y la acaricié todo lo que me pidió,
una de sus manos cogió una de la mías y se la llevó a su
entrepierna para que la acariciara ¡Qué delicia! Yo no podía
aguantar más y me corrí poniendo mis calzoncillos y pantalón
impregnado de semen ¡Qué situación más embarazosa! Si
entra mi madre ahora y me ve así ¿Qué pensará? Sin dar
tiempo a nada, llevó su mano hasta mi paquete:
-¿Qué
has hecho Ernesto, te has corrido?
Sin
dejarme tiempo a decir nada, desabrocho la cremallera del
pantalón sacando mi erecto pene al exterior, aún goteaba
semen, lo tomó en sus manos y arrodillándose ante mí, se lo
introdujo en su boca haciéndome una mamada como nunca me la
habían hecho. No tardé nada en volverme a correr, ella se
tragó sin pestañear todo el resultado de mi eyaculación ¡Eso
le gustaba! Siguió chupando y sorbiendo hasta que de nuevo
volví a eyacular ¡Era insaciable! Era una sensación de
placer continua pero ya inaguantable, la aparaté amablemente
y le dije:
-Señora
María, por favor se lo pido ¡Descansemos un momento!
-¡Vale!
¿Pero por qué me llamas señora María? Soy tu esposa
Ernesto.
-Son
manías mías ¡No te preocupes!
La
situación era muy excitante pero yo estaba realmente
asustado. Si vuelve en sí ¿Cómo puede reaccionar al ver mi
polla en su boca? Si asustada le da por meterme un bocado, me
la arrancará de cuajo ¿Y si dice que la he violado? La
verdad es que estoy metido en un buen embrollo.
-Vamos
a la cama seguiremos allí Ernesto ¡Estoy muy caliente!
-¡No
cariño! Estoy muy cansado y quiero ver la película.
-Ya
estamos como siempre ¡Para una vez que estás en casa! Claro,
no me deseas porque en tus viajes debes de tener todas la
mujeres que quieres ¡Eres un degenerado!
-No
grites cariño, los vecinos se enterarán de lo que hablamos.
-Sabes
que no me gusta que me llames cariño.
-¡Vale!
¿Cómo quieres que te llame?
-¿No
te acuerdas de cómo me guata que me llames? Eres un
desgraciado ¡Vete no te quiero volver a ver por mi casa!
Con
las piernas temblando me introduje como pude mi pene en el
interior de los pantalones y tomé dirección a la puerta de
salida. Cuando siento la voz de María:
-Jacinto
¿Dónde vas? Ven a consolarme, mi marido me ha dejado y se ha
marchado con otra ¡Qué desgraciada que soy!
Ahora,
además de tener miedo, estaba totalmente despistado, esa
hermosa madura vecina estaba peor de lo que en un principio
había imaginado. Tenía que salir de aquella situación fuera
como fuera ¿Qué podía hacer? Si me quedo, puede pasar
cualquier cosa y si me marcho pude decir cualquier cosa ¿Qué
hago?
-María,
iba a mi casa por el ordenador portátil, así mientras le
acompaño voy trabajando en cosas que tengo pendiente.
-Nada
de ordenador ¡Tú quédate aquí! Le voy a poner los cuernos
a mi marido contigo.
-María
¿No se da cuenta? Yo soy muy joven ¡No la podré satisfacer!
-¡Sí
lo harás! Iremos a mi dormitorio y me follarás hasta que no
puedas más ¡Hazlo por mí, te lo agradeceré!
-María
yo lo haría, pero tengo miedo de que luego digas que te he
violado o algo por el estilo ¡No estás bien!
Se
puso a llorar y a gritar llamando a su marido Ernesto. Eran
tantos los gritos que acudió mi madre, le abrí la puerta:
-¿Qué
es lo que pasa?
-Se
ha puesto a gritar como una posesa, hasta me ha tirado el
refresco encima del pantalón.
Mi
madre me miró el paquete y vio la gran mancha que llevaba,
sabía lo que era pero no dijo nada, se dirigió a María:
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