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Amiga
Elena, ¡lo has logrado! Estoy tan excitado que no creo que el
primer torrente de semen sea para ti, es tal la erección que
en estos momentos tengo, que a duras penas si me contengo.
Me levanto, menos mal que nadie me ve, la foto es espectacular
¡de risa diría yo! suerte que llevaba puestos unos
pantalones de pinzas con algo de holgura, de lo contrario
hubiera reventado el pantalón.
-Elena ¡mira como me has puesto! Levanta, vamos al dormitorio
de invitados allí estaremos mucho más cómodos y te trataré
como te mereces hermosa mía.
Entre gemidos, balbuceos y toda melosa, le entiendo que dice:
-Si
guapito mío vamos, pero quiero que me lleves tú en brazos.
(Caprichitos
ya, pero si aún no estás embarazada), con su lengua humedece
sus labios y da a su boca un aspecto todavía más excitante
si cabe.
Abre los ojos, se pone en pie, mira a mi maltrecho pene, se
sonríe y me da un espectacular beso buscando con su lengua la
mía, era casi interminable que dulzura de mujer, ¡Cómo no
me había dado cuenta! ¡Aparentemente está colada por mí!
Me tiemblan las piernas, yo soy un hombre fuerte, pero no sé
si la podré complacer en su deseo de llevarla al dormitorio
¡venga Alan ánimos!
La levanto cogiéndola por la espalda con la mano izquierda a
la altura de los pechos ella echa sus brazos a mi cuello sin
dejar de besarme, con la mano derecha la situó hacia la mitad
de los muslos, la alzo con suavidad y me dirijo al dormitorio.
Con un poco de esfuerzo he podido llegar, este corto tiempo de
traslado me ha servido para controlar mi gran excitación, mi
pene sigue igual de erecto, ya tengo ganas de bajarme los
pantalones el roce me está matando.
Dejo a Elena suavemente sobre la cama, sin ni siquiera apartar
la colcha, pero da igual es de seda y su contacto es fresco y
excitante. Trato de incorporarme pero no suelta sus brazos.
-Como puedo me quito los zapatos ¡Qué suerte Elena! Poco
antes de llegar me he pegado una ducha y me he cambiado de
ropa interior, siempre me ducho por la mañana pero hoy no sé
por qué lo he dejado para la tarde.
-Ven guapito mío, ¡hazme tuya! Bésame cada centímetro de
mi cuerpo con esa boquita con sabor a caramelo. ¡Me siento en
las nubes! ¡Estoy a punto! ¡Eres un solete!
Aparto sus fogosas manos de mi cuello y se las deposito
estiradas a la altura de los
hombros y con las palmas hacia arriba, empiezo con mi sesión
de besos y pequeños lamidos. Partiendo desde la cara, primero
un beso en la mejilla izquierda luego en la derecha.
-¡Si,
mi amor sigue!
-Cierra
sus ojos y con sus manos me quiere volver a sujetar, no, cariño
deja los brazos extendidos.
Sigo besándola en los ojos, en la nariz, la boca una oreja la
otra y en ambos lados del cuello, poco a poco me dirijo hasta
el canalillo de sus pechos sin dejar de lamer y besar. Elena
de vez en cuando deja escapar un gemido de placer, yo no lo
hago pero también estoy que no puedo más.
De sus pechos paso a su axila, ¡Qué delicia besarla! Se nota
que ha pasado por casa y que se ha preparado a conciencia
huele de maravilla ¡Qué fresco aroma! Cuando siente el
contacto de mi boca y mi lengua en su axila.
-¡OH
guapito mío, qué me he perdido hasta ahora!
Sigo
mi labor, mi placer, besándola lo más suave que puedo,
primero el brazo, el antebrazo y por último la mano beso toda
su palma y cada uno de sus dedos hago el camino de retroceso y
paso a la otra axila, todo lenta muy lentamente.
-Alan, estoy a punto de llegar al orgasmo ¡eres maravilloso!
¡Lo haces bien, pero que muy bien! Sigue por favor, no te
pares.
-No
Elena no lo haré, yo también estoy a punto de eyacular.
Me tomo un pequeño respiro, y es ella la que ahora coge las
riendas (nunca ha dejado de tenerlas) hace que me estire en la
cama boca arriba y ella se coloca encima de mis muslos y
coloca sus piernas en posición arrodillada a cada lado de mis
caderas, siento su peso sobre mi pene y estoy haciendo un
verdadero esfuerzo por no correrme, aunque estoy empapado de
los fluidos que preceden a la eyaculación.
Elena sigue con su maestría y roza su braguita contra mi pene
varias veces, siento que me voy de viaje ¡Qué placer! Esta
mujer es una máquina de crear emociones. Me desabrocha el
pantalón, lo baja a la altura de las rodillas junto con mi
calzoncillo. Mi pene salta sin vergüenza alguna señalando
hacia la lámpara.
-¡k.o.!
Guapito mío, que bonito es tu pene y además parece que tiene
ganas de correrse.
Elena observa que si no se da prisa perderá mi semen, ni
corta ni perezosa, se pone en pie a la altura de mi miembro,
se remanga el vestido por encima de sus caderas y se aparta la
braguita a un lado y me deja ver su preciosa vagina también
chorreante de fluidos, inicia la bajada. En ese momento le
pregunto:
-¿Elena,
es que no me vas a colocar un preservativo?
-¡No
te preocupes estoy protegida! Además si me quedo embarazada
mejor.
Parecía que perdía el sentido, es un placer indescriptible
¡Qué mujer! Baja lentamente e introduce mi pene palpitante
en su hermosa y lubricada vagina, inicia unos movimientos
lentos de entrada y salida hasta el fondo.
-Elena
no aguanto más, no pasaron ni 15 segundos y me corrí, ella
como buena amante, al sentir en sus entrañas el calor de mi
eyaculación, también se corrió o fingió hacerlo.
A sido la experiencia más placentera de toda mi vida ella
parece haber disfrutado, o simplemente me engaña, pero me da
igual, eso es amor.
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