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Bragas usadas

Libro Virtual

Título: Bragas usadas

Autor:
Gestialba.com
Productor:
Gestialba.com 
Gión:
Gestialba.com
Protagonista principal:
Eritrea.
Actores: Octavio, Eritrea
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Erótico - Fantasía (Fetiche)
Duración: 005 minutos 
Recomendada: 
Mayores de 18 años

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Empezaré diciendo que mi chico es un fetichista de las bragas usadas, y a mí me gusta que lo sea, siempre y cuando las bragas usadas que lo exciten sean la mías, ¿es normal vedad? Hace unos días no sentamos frente al ordenador para navegar por la red, lo hicimos porque era una tarde de perros, transcurría uno de esos días de otoño en los que no apetece salir de casa, ¡eso hicimos! Como dos salidos nos dispusimos a visitar páginas en la que encontramos fotografías de infinidad de bragas usadas, bragas manchadas de toda clase de sustancias. Tengo que reconocer que al verlas e imaginar a sus propietarias portándolas me estaban provocando una excitación diferente a la que siento cuando Octavio huele alguna de mis bragas usadas que guardamos en un cajón del armario de mi habitación, con eso me pongo a 100, pero ver esa cantidad de bragas en internet me puso a 1000, a mil por hora, ¡estaba excitadísima! Él lo notó y me dijo:

-Eritrea, ¿te encuentras bien? Observo que estás un tanto acalorada.

-Me encuentro perfectamente.  –Le contesté mintiéndole.

Como era natural no quise darle pie a que sufriera por no poderme follar, ya que en casa estaban mis dos hermanas y mis padres que tampoco habían salido.

Octavio me miró a los ojos, en mí, debió de ver algo de lujuria por que sin dudarlo metió su mano por debajo de mi falda para alcanzar mis bragas y apartándolas meter sus dedo índices y corazón en mi vagina.

-¡Eritrea, qué calientes que estás! –Dijo sonriendo mientras se llevaba los dedos a la boca.

Se los llevaba para percibir el aroma penetrante de mi sexo, porque lubricar, lubrico muy poco. De hecho hay veces que me tengo que aplicar lubricante acuoso para no sentir dolor al ser penetrada, ¿soy rara verdad? Pero no son de mis rarezas de lo que quiero hablar, quiero hablar de qué es lo que sucedió esa tarde.

-¿Cómo quieres que esté? Llevo sentada más de seis horas. -Le contesté sonriendo.

¿Quieres que lo hagamos pensando en esas bragas usadas que estamos viendo?

-No Octavio, sabes que no me gusta hacer el amor cuando mis padres están en casa, no estoy cómoda sabiendo que están ahí fuera.

-¡No seas así Eritrea! Tienes 35 años, y yo 40, ¿no crees que tengamos edad para hacer lo que nos apetezca?

Tenía toda la razón habida y por haber en este mundo, pero soy así y no lo puedo remediar, ¡aunque él lo intentó! Sin volver a decirme nada se bajó los pantalones quedándose en calzoncillos. Su pene no podía evitar declarar lo excitado que estaba, -miré y sonreí- Sin darle más importancia, seguimos mirando bragas usadas de todos los tipos y con toda clase de manchas, algunas eran de verdaderas marranas, pero eso no nos importaba, nos daba morbo, ¡nos excitaba!

Aquello no lo podía dejar así, si entraban mis padres o algunas de mis hermanas y veían en la guisa en la que estaba Octavio me tacharían de mujer fácil, ¡eso por lo menos! En el fondo sabía que Octavio tenía razón y que ya disponíamos de edad para hacer el amor cuando nos apeteciera. Pero yo no podía, me negaba a ser follada sintiendo las voces de mi familia. Sabía que mi negativa podía ser el principio del final. Pero aún y así le dije:

-Octavio, ponte el pantalón que pueden entrar y creerse que estamos follando como descosidos.

Resignado se volvió a poner el pantalón, pero para no dejarle contrariado le puse su mano en mi entrepierna para que se entretuviera acariciando mi querido conejo. Sentir sus dedos hurgando en el interior de mi querida cueva del amor hacían que mi vagina estuviera excitada, estaba tan caliente que su calor me hacía sudar, sudor que impregnaba las bragas que junto con el aroma característico de mi sexo dejarían huella en aquellas bragas que llevaba puestas desde el día anterior, no, no crea que soy una marrana. Octavio y yo habíamos convenido en que aquellas bragas pasaran a ser un fetiche, como braga usada para el baúl de los recuerdos, por eso, cuanto más impregnadas de sudor, sexo, orina y algo de... más excitación sentiríamos al olerlas, ¡yo también soy fetichista de mis propias bragas! También hubiéremos deseado que quedaran impregnadas de semen pero era yo quien se negaba.

-Mira Eritrea, en este foro hay un mensaje de una persona que pagaría por unas bragas usadas, lo haría junto con unas fotografías de la dueña con ellas puesta. ¿Qué te parece si nos ponemos en contacto para enviárselas? –Me dijo el muy salido sonriendo.

-Estás loco, ¿quién te crees que soy? ¿Por quién me tomas? –Contesté negándome rotundamente enfadada por la sugerencia.

-No te enfades, sólo era un comentario, ¡no es para tanto mujer! –Dijo Octavio sorprendido por mi enérgica negativa.

Aunque me había opuesto, segundos después la idea de que unas bragas mías viajaran a otra parte de nuestro querido y maltratado mundo, me hacia sentir algo morbosa y excitada a la vez, ¡joder, con las bragas usadas! Seria, pensativa y totalmente abstraída me quedé mirando a la pantalla sin ver, me estaba pensando seriamente el enviárselas.

-¡Tengo una idea! Espera Octavio, salgo un momento para hablar con mis padres, tú sigue mirando fotografías de bragas usadas que enseguida vuelvo, ¡por cierto, no pierdas el mensaje (post) de esa persona que paga por unas bragas usadas! –Miró con extrañeza fijamente a mis ojos y siguió inmerso mirando lo que tanto le gustaba.

Salí apresurada porque mi calentura sexual me decía que aquella ocasión había que aprovecharla, que no había nada malo en hacerse una foto con las bragas usadas durante casi dos días y enviárselas a una persona que disfrutaría con ellas. Totalmente decidida le dije a mi madre:

-Mamá, necesito la cámara que os presté, ¿dónde está?

-Toma está aquí, ahora mismo hemos terminado de verlas, tu hermana Luisa nos las ha grabado en un disco. ¡Gracias, han salido unas fotos estupendas! ¿Quieres verlas?

-No mamá, ahora tengo prisa. Octavio y yo tenemos que hacer una cosa muy urgente. –Le dije.

-No os preocupéis, haced lo que tengáis que hacer que nosotros ni tus hermanas os molestarán para nada. –Dijo mi madre sorprendiéndome, sonrió mi padre asintiendo.

Estaba claro, en aquella casa todo el mundo estaba de acuerdo en que yo tenía el derecho a la intimidad. Era yo la única remisa a no hacer el amor con Octavio para no ser estorbados o escuchados. Entré en la habitación donde esperaba el bueno y paciente Octavio y sin pensarlo le dije:

-Lo haremos, estoy decidida, ten la cámara y tómame las fotos que quieras para enviárselas al que compra las bragas usadas.

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Poco a poco me desprendí de la ropa que llevaba puesta y me quedé en ropa interior, mis braguitas usadas, ya algo mojadas por el sudor y la excitación, estaban a la vista de Octavio, que dejando la cámara en la mesa, junto al teclado del ordenador personal, se dirigió hasta donde estaba y arrodillándose ante mí, empezó a lamer mi vulva por encima de las bragas que empezaban a quedar húmedas por la mezcla de las diferentes sustancias. Sin ninguna duda, aquellas braguitas usadas serían las bragas usadas más excitantes de la historia de las vendidas por internet. Cuando terminó de lamerme y acariciarme, estaba tan caliente que no tuve ya reparos en dejarle penetrarme olvidando que próximos a nosotros estaban mi madre y mi padre, ¡fue genial! Tuve por primera vez en mi vida un orgasmo con eyaculación, puse las bragas empapadas de un líquido casi transparente y algo espeso, que junto con la eyaculación de Octavio dejaron las bragas dispuestas para ser vendidas.

Días después, les confieso que cuando se secaron las bragas y las estábamos embalando para enviarlas junto con las fotografías que nos tomamos. Al oler su excitante aroma estuvimos tentados de no enviarlas, pero pensamos que si queríamos otras así, no teníamos más que volver a hacerlo. ¡Así lo hicimos!

 

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