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Me
encontraba visitando a Anastasia y no sé ni cómo ni cuando mi
diafragma realizó una contracción y comenzó el calvario,
aproximadamente cada 10 segundos un molesto y ruidoso hipo me
interrumpía, intenté beber agua, deje de respirar todo el
tiempo que pude, ¡nada! El dichoso hipo seguía haciendo
estragos... probé todo lo habido y por haber, hasta que
anastasia sonriendo picadamente me dijo:
-¿Quieres
que te desaparezca el hipo Julia?
-Por
supuesto Anastasia, esto es un incordio, ¿Sabes algún método
para cortar el hipo? Yo he probado todos los que sabía, y como
has visto, ninguno ha funcionado.
Por
un momento se quedó callada mirándome fijamente a lo ojos, por
lo que pensé que era un método de algo relacionado con la
hipnosis. Como no
decía nada y no dejaba de mirarme y mi dichoso hipo seguía:
-¡Dime
algo mujer! –Le dije algo sorprendida-
Me
tomó de la mano y me llevó al cuarto de baño, sacó del
armario unos guantes de látex, se los colocó y dijo:
-Julia,
échate bocabajo sobre mi regazo.
Estaba
expectante por saber que es lo que me iba hacer, el hipo seguía
haciendo de las suyas, ni siquiera la curiosidad por saber cual
era el remedio que aplicaría, hacía que las contracciones de
mi diafragma desaparecieran de una vez. Pronto salí de mi
incertidumbre, en la posición en la que estaba Anastasia no
tuvo problemas para apartarme un poco las bragas y darme un
masaje en el ano, ¡eureka! El hipo desapareció, no sé si
debido al masaje en el ano o por la sorpresa y el nerviosismo de
sentirme manoseada por los dedos de una mujer que solamente
conocía de haber tomado una vez con ella café.
-¡Es
fantástico! –Exclamé.
-Sí,
es una técnica infalible. -Contestó con suma seriedad.
No
creo que esa técnica tenga mucha base científica, pero no tenía
motivos para dudar de lo que ella decía, de hecho el hipo había
desaparecido y parecía que no pensaba volver. Para que me
bajara un poco el calor acumulado en mis mejillas, le pedí que
saliera ya que me había entrado ganas de orinar, ¡era mentira!
Lo que en realidad quería hacer era refrescarme para que no se
me notara mi sonrojo. Muy amablemente me dijo que las toallas
estaban recién cambiadas, que me podía secar en ellas después
de hacer pis. Por mi cabeza pasaron ideas que una mujer cabal y
de edad como la que tengo, no tenía que imaginar... lo cierto
es que me refresqué y realmente me entraron ganas de orinar, ¡lo
hice! Y excitada por lo sucedido, cuando me estaba lavando en el
bidet aproveché para acariciarme suavemente el clítoris...
comprendí que no era ese el momento de hacer un dedo, me sequé
y colocándome las bragas salí para seguir conversando con
Anastasia.
-¿Julia,
cuanto tiempo hace que te quedaste viuda?
-Voy
a cumplir los 65 años la semana que viene, Mariano murió tres
semanas después de yo cumplir los 50, por lo tanto dentro de un
mes hará 15 años que el descasó y me dejo descansar. –Le
dije sonriendo.
-¡Que
casualidad, yo también cumplo los 65 años la semana que biene!
¿No los cumplirás el viernes?
-Así
es, ¡no me lo puedo creer! –Dijimos las dos al tiempo.
Algo
estaba sucediendo, desde que la semana anterior por casualidad
nos encontramos en el restaurante del tren durante el un viaje
que hacíamos desde Zaragoza a Madrid. Nos caímos tan bien, que
por eso estaba yo ese día en su casa tras aceptar su amable
invitación. Anastasia es una mujer que en su juventud debió
ser bellísima, porque a pesar de su edad todavía está de muy
buen ver... es una de esas mujeres que cualquier hombre de 20 años
desearía tener como amante.
-¿Cuántos
hijos tienes Anastasia? –Le pregunté para ir conociéndola-
-Tres,
he tenido tres. Pero como si no los hubiera tenido, por que los
muy ingratos apenas si se acuerdan que existo... bueno, a veces
sí, por el día de la madre me llaman para felicitarme. Y tú
Julia cuantos has tenido.
-Solamente
he tenido una hija, y me pasa algo parecido a lo tuyo, desde que
se casó a los 25, ¡y ahora hace 20 años! Solamente ha venido
a visitarme una vez. Yo lo entiendo, vive en Nueva York y está
muy ocupada. ¿El que no se consuela es porque no quiere,
verdad? –Las dos sonreímos.
Hablábamos
y nos preguntábamos de todo, el tiempo pasaba sin sentir porque
estábamos congeniando. A mi mente vino el deseo de acercarme a
ella y besarla, ¡estaba confundida! No sé a cuento de qué me
vino aquel repentino pensamiento, si nunca en mis 64 casi 65 años
había deseado a una mujer. Después de nuestra sonrisa hubo un
corto intervalo de silencio interpretativo, tras el cual ella
dijo:
-Julia,
perdona mi atrevimiento, pero si no lo digo reviento. Llevas
unas bragas preciosas.
¡Ostras!
Me quedé parada, aquellos pensamientos que tenía sin dudas
eran trasmitidos por vibraciones de sexualidad. Si le habían
gustado las bragas y me lo estaba diciendo es porque entendía
que las quería ver más detenidamente, y como a mí me estaba
sucediendo algo que no me sabía explicar a mí misma, le dije:
-Las
quieres ver más detenidamente y en su totalidad. Antes cuando
me has quitado el hipo solamente las has visto a media, ¿verdad?
-Si
no te molesta, sí, me gustaría que me las enseñaras.
–Contestó decidida.
Me
puse frente a ella separándome lo suficiente para que las
pudiera divisar sin impedimentos... me remangué la falda y las
mantuve a la altura de talle para que me pudiera observar toda
la ropa interior que llevaba, ¡incluido el liguero! Anastasia
no perdía de talle, me miro de abajo arriba centrando su mirada
en mi vulva, allí donde las ingles se unen. Di varias vueltas
para que me pudiera también ver lo que antes tan bien había
visto.
-Son
divinas, el encaje tiene un dibujo precioso, ¿puedo tocarlas?
-Por
favor Anastasia, tócalas y siete su suavidad todo el tiempo que
quieras.
Se
puso en pie y se acercó para tocarlas, ¡acariciarlas diría
yo! Con las yemas de los dedos recorría toda la superficie del
tejido, y con el envés de su mano derecha me acarició las
bragas desde las ingles hasta el Monte de Venus. Era increíble,
estaba sintiendo placer al ser acariciada por una mujer, sentí
el suave calor de su aliento acariciando mi cara... nuevamente
estuve a punto de besarla, pero no me atreví.
-¿Son
suaves verdad Anastasia? Yo me siento muy cómodas con ellas.
De
nuevo tuvimos un silencio interpretativo al que prosiguió una
pregunta que aunque esperada me sorprendió.
-Son
muy suaves, ¡tu piel también es muy suave! ¿Julia, has hecho
el amor alguna vez con una mujer?
-¡Nooo...!
–Contesté con cara de asombro.
-¿Tendrías
inconveniente en hacerlo?
Anastasia
hablaba del tema con toda naturalidad, y aunque me tenía
sentada nuevamente junto a ella, en ningún momento intentó
tocarme o insinuarse... yo la miraba a los ojos como queriéndole
decir sí con ellos. Me dije, ¿qué tengo que perder? ya soy
mayorcita para hacer lo que me venga en gana, y ahora en es lo
que me apetece.
-No
sé, no creo que me guste. –Le mentí, lo estaba deseando.
-Julia,
haremos una cosa, yo te daré un beso en la boca, si no te gusta
o sientes asco, lo dejaremos. ¿Qué te parece?
Aquello
era algo extraño para mí, pero estaba, ¡tan excitada! Que no
podía contestar otra cosa que sí. Sentadas en el sofá como
estábamos solamente nos tuvimos que girar un poco para
encontrarnos cara a cara. Tenía, deseaba sentir sus labios
carnosos y húmedos que habían acariciado su lengua, los quería
sentir en los míos. Me besó y cuando sentí el contacto de sus
labios en lo míos no puede hacer otra cosa que dar un suspiro.
-¿Te
ha gustado o sientes asco? –Me dijo con voz aterciopelada.
-¿Asco
por qué? Eres una mujer muy bella, no siento asco, siento un
gran placer.
-Gracias
Julia, tu también eres muy guapa. Si te parece ahora nos
besaremos con lengua.
Me
resistía a admitirlo, pero mi vagina era la primera vez en 15 años
que se sentía viva, estaba que se humedecía por momento por la
excitación provocada por mi libido. Nos
besamos y nuestras lenguas recorrieron cada rincón de nuestras
bocas... recuerdo el placer que sentía cuando Mariano me besaba
así, pero ni por asomo era comparable con lo que estaba
experimentando en esos instantes. Notaba mi caduco clítoris
rozando mis bragas, y mis flácidos pechos reafirmarse, por no
decir lo erecto de mis pezones, ¡era increíble! Me sentía
nerviosa como cuando a los 15 años lo hice por primera vez con
un hombre.
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