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Bragas de mujer vieja

Libro Virtual

Título: Bragas de mujer vieja

Autor:
Gestialba.com
Productor:
Gestialba.com 
Gión:
Gestialba.com
Protagonista principal:
Anastasia.
Actores: Anastasia, Julia
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Erótico - Fantasía
Duración: 005 minutos 
Recomendada: 
Mayores de 18 años

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Me encontraba visitando a Anastasia y no sé ni cómo ni cuando mi diafragma realizó una contracción y comenzó el calvario, aproximadamente cada 10 segundos un molesto y ruidoso hipo me interrumpía, intenté beber agua, deje de respirar todo el tiempo que pude, ¡nada! El dichoso hipo seguía haciendo estragos... probé todo lo habido y por haber, hasta que anastasia sonriendo picadamente me dijo:  

-¿Quieres que te desaparezca el hipo Julia?

-Por supuesto Anastasia, esto es un incordio, ¿Sabes algún método para cortar el hipo? Yo he probado todos los que sabía, y como has visto, ninguno ha funcionado.  

Por un momento se quedó callada mirándome fijamente a lo ojos, por lo que pensé que era un método de algo relacionado con la hipnosis.  Como no decía nada y no dejaba de mirarme y mi dichoso hipo seguía:  

-¡Dime algo mujer! –Le dije algo sorprendida-  

Me tomó de la mano y me llevó al cuarto de baño, sacó del armario unos guantes de látex, se los colocó y dijo:  

-Julia, échate bocabajo sobre mi regazo.  

Estaba expectante por saber que es lo que me iba hacer, el hipo seguía haciendo de las suyas, ni siquiera la curiosidad por saber cual era el remedio que aplicaría, hacía que las contracciones de mi diafragma desaparecieran de una vez. Pronto salí de mi incertidumbre, en la posición en la que estaba Anastasia no tuvo problemas para apartarme un poco las bragas y darme un masaje en el ano, ¡eureka! El hipo desapareció, no sé si debido al masaje en el ano o por la sorpresa y el nerviosismo de sentirme manoseada por los dedos de una mujer que solamente conocía de haber tomado una vez con ella café.  

-¡Es fantástico! –Exclamé.

-Sí, es una técnica infalible. -Contestó con suma seriedad.  

No creo que esa técnica tenga mucha base científica, pero no tenía motivos para dudar de lo que ella decía, de hecho el hipo había desaparecido y parecía que no pensaba volver. Para que me bajara un poco el calor acumulado en mis mejillas, le pedí que saliera ya que me había entrado ganas de orinar, ¡era mentira! Lo que en realidad quería hacer era refrescarme para que no se me notara mi sonrojo. Muy amablemente me dijo que las toallas estaban recién cambiadas, que me podía secar en ellas después de hacer pis. Por mi cabeza pasaron ideas que una mujer cabal y de edad como la que tengo, no tenía que imaginar... lo cierto es que me refresqué y realmente me entraron ganas de orinar, ¡lo hice! Y excitada por lo sucedido, cuando me estaba lavando en el bidet aproveché para acariciarme suavemente el clítoris... comprendí que no era ese el momento de hacer un dedo, me sequé y colocándome las bragas salí para seguir conversando con Anastasia.  

-¿Julia, cuanto tiempo hace que te quedaste viuda?

-Voy a cumplir los 65 años la semana que viene, Mariano murió tres semanas después de yo cumplir los 50, por lo tanto dentro de un mes hará 15 años que el descasó y me dejo descansar. –Le dije sonriendo.

-¡Que casualidad, yo también cumplo los 65 años la semana que biene! ¿No los cumplirás el viernes?

-Así es, ¡no me lo puedo creer! –Dijimos las dos al tiempo.  

Algo estaba sucediendo, desde que la semana anterior por casualidad nos encontramos en el restaurante del tren durante el un viaje que hacíamos desde Zaragoza a Madrid. Nos caímos tan bien, que por eso estaba yo ese día en su casa tras aceptar su amable invitación. Anastasia es una mujer que en su juventud debió ser bellísima, porque a pesar de su edad todavía está de muy buen ver... es una de esas mujeres que cualquier hombre de 20 años desearía tener como amante.  

-¿Cuántos hijos tienes Anastasia? –Le pregunté para ir conociéndola-

-Tres, he tenido tres. Pero como si no los hubiera tenido, por que los muy ingratos apenas si se acuerdan que existo... bueno, a veces sí, por el día de la madre me llaman para felicitarme. Y tú Julia cuantos has tenido.

-Solamente he tenido una hija, y me pasa algo parecido a lo tuyo, desde que se casó a los 25, ¡y ahora hace 20 años! Solamente ha venido a visitarme una vez. Yo lo entiendo, vive en Nueva York y está muy ocupada. ¿El que no se consuela es porque no quiere, verdad? –Las dos sonreímos.  

Hablábamos y nos preguntábamos de todo, el tiempo pasaba sin sentir porque estábamos congeniando. A mi mente vino el deseo de acercarme a ella y besarla, ¡estaba confundida! No sé a cuento de qué me vino aquel repentino pensamiento, si nunca en mis 64 casi 65 años había deseado a una mujer. Después de nuestra sonrisa hubo un corto intervalo de silencio interpretativo, tras el cual ella dijo:  

-Julia, perdona mi atrevimiento, pero si no lo digo reviento. Llevas unas bragas preciosas.

¡Ostras! Me quedé parada, aquellos pensamientos que tenía sin dudas eran trasmitidos por vibraciones de sexualidad. Si le habían gustado las bragas y me lo estaba diciendo es porque entendía que las quería ver más detenidamente, y como a mí me estaba sucediendo algo que no me sabía explicar a mí misma, le dije:  

-Las quieres ver más detenidamente y en su totalidad. Antes cuando me has quitado el hipo solamente las has visto a media, ¿verdad?

-Si no te molesta, sí, me gustaría que me las enseñaras. –Contestó decidida.  

Me puse frente a ella separándome lo suficiente para que las pudiera divisar sin impedimentos... me remangué la falda y las mantuve a la altura de talle para que me pudiera observar toda la ropa interior que llevaba, ¡incluido el liguero! Anastasia no perdía de talle, me miro de abajo arriba centrando su mirada en mi vulva, allí donde las ingles se unen. Di varias vueltas para que me pudiera también ver lo que antes tan bien había visto.  

-Son divinas, el encaje tiene un dibujo precioso, ¿puedo tocarlas?

-Por favor Anastasia, tócalas y siete su suavidad todo el tiempo que quieras.  

Se puso en pie y se acercó para tocarlas, ¡acariciarlas diría yo! Con las yemas de los dedos recorría toda la superficie del tejido, y con el envés de su mano derecha me acarició las bragas desde las ingles hasta el Monte de Venus. Era increíble, estaba sintiendo placer al ser acariciada por una mujer, sentí el suave calor de su aliento acariciando mi cara... nuevamente estuve a punto de besarla, pero no me atreví.  

-¿Son suaves verdad Anastasia? Yo me siento muy cómodas con ellas.  

De nuevo tuvimos un silencio interpretativo al que prosiguió una pregunta que aunque esperada me sorprendió.  

-Son muy suaves, ¡tu piel también es muy suave! ¿Julia, has hecho el amor alguna vez con una mujer?

-¡Nooo...! –Contesté con cara de asombro.

-¿Tendrías inconveniente en hacerlo?  

Anastasia hablaba del tema con toda naturalidad, y aunque me tenía sentada nuevamente junto a ella, en ningún momento intentó tocarme o insinuarse... yo la miraba a los ojos como queriéndole decir sí con ellos. Me dije, ¿qué tengo que perder? ya soy mayorcita para hacer lo que me venga en gana, y ahora en es lo que me apetece.  

-No sé, no creo que me guste. –Le mentí, lo estaba deseando.

-Julia, haremos una cosa, yo te daré un beso en la boca, si no te gusta o sientes asco, lo dejaremos. ¿Qué te parece?  

Aquello era algo extraño para mí, pero estaba, ¡tan excitada! Que no podía contestar otra cosa que sí. Sentadas en el sofá como estábamos solamente nos tuvimos que girar un poco para encontrarnos cara a cara. Tenía, deseaba sentir sus labios carnosos y húmedos que habían acariciado su lengua, los quería sentir en los míos. Me besó y cuando sentí el contacto de sus labios en lo míos no puede hacer otra cosa que dar un suspiro.  

-¿Te ha gustado o sientes asco? –Me dijo con voz aterciopelada.

-¿Asco por qué? Eres una mujer muy bella, no siento asco, siento un gran placer.

-Gracias Julia, tu también eres muy guapa. Si te parece ahora nos besaremos con lengua.  

Me resistía a admitirlo, pero mi vagina era la primera vez en 15 años que se sentía viva, estaba que se humedecía por momento por la excitación provocada por mi libido.  Nos besamos y nuestras lenguas recorrieron cada rincón de nuestras bocas... recuerdo el placer que sentía cuando Mariano me besaba así, pero ni por asomo era comparable con lo que estaba experimentando en esos instantes. Notaba mi caduco clítoris rozando mis bragas, y mis flácidos pechos reafirmarse, por no decir lo erecto de mis pezones, ¡era increíble! Me sentía nerviosa como cuando a los 15 años lo hice por primera vez con un hombre.

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-¡Es sensacional Anastasia! Nunca hubiera creído que besar y ser besada por una mujer me pudiera llegar a  provocar tanto placer. No te enfades, te estoy mojado el sofá.

-No te preocupes Julia, es de cuero y se lava fácilmente. Mira como está mi lado, ¡no creas que es sudor!  

Nos levantamos y al ver nuestros lugares de asentamiento mojados por el resultado de nuestra excitación, no pudimos hacer otra cosa que reír a carcajadas. Nos volvimos a besar y lanzadas como estábamos nos quitamos las bragas...  

Lo sucedido fue el comienzo de una tarde de sexo intenso que dio paso a una gran amistad que espero dure los años que nuestros cuerpos duren. Por hoy no explico más, no creo que las sesiones de sexo entre dos viejas interese a persona alguna. Aunque si algún día me encuentro con ganas de volver a escribir, seguiré con lo que a continuación aconteció.

 

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