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Me
alucina ir de viaje al pueblo donde nació mi madre, allí vive
mi tía Marcia. Una mujer encantadora con una piel blanca y
suave que mide aproximadamente 170 centímetros de altura y debe
pesar unos 60 kilos. Digamos que es una mujer hermosa, en la
actualidad no es muy joven, pero se conserva en muy buen estado
para sus 60 años de edad.
Desde que me acuerdo, siempre he pasado los veranos en la casa
de mis abuelos maternos, ahora la casa de mi tía. Cuando
contaba con diez años, la tía Marcia ya tenía 30, treinta
espléndidos años que a mí me atraían sobremanera, no perdía
la ocasión de espiarla, aunque nunca pasé de verle mas allá
de los muslos de sus bonitas y largas piernas, eso me bastaba
para tener pensamientos eróticos, aunque en aquellos tiempos no
sabía ni que existía semejante palabra. El caso es que todos y
cada uno de los veranos que he pasado en esa casa ha sido un
verdadero placer.
Hoy en día, a punto de cumplir 40 años fui invitado por mi tía
a pasar unos días en su casa, invitación que acepté ya que
estaba bajo de moral. Estaba pasando una época muy melancólica
debido a mi reciente divorcio, y esa invitación me serviría
para olvidar a la que hasta ahora había sido mi compañera.
Emprendí el viaje rumbo al pueblo, era un puente largo que
duraba 5 días, días que dedicaría al descanso y la reflexión.
Las cinco de la tarde, llego a casa de la tía Marcia, toco al
timbre y espero unos segundos, no abre la puerta ¡Qué raro! Le
dije que llegaría entre las 5 y las 6 de la tarde, Vuelvo a
tocar el timbre y como no sale nadie para abrir, pongo la oreja
sobre la puerta para escuchar los sonidos del interior, se
percibe música, pero no tan alta como para que Marcia, su
marido o su hija no me escuchen ¿Qué pasa? Seguramente habrán
salido para hacer algunas compras y se han olvidado la música
puesta. Tocaré una última vez, y si no sale nadie me iré a la
cafetería de la esquina y me tomaré un café... ring, ring...
se oye alguien tras la puerta:
-Hola tía Marcia ¿Cómo estás?
-Muy bien, acabada de salir de la ducha. No te esperaba tan
temprano y he aprovechado para refrescarme un poco.
Ahora entendía la tardanza para abrir la puerta, lo que no
entendía es como que ni su marido, ni su hija estaban en casa,
ya que yo venía de viaje. Era una cosa muy rara ya que tanto su
marido Luís (mi tío político) y mi prima Elena son dos
personas que siempre se alegran mucho de verme, le pregunto:
-¿Dónde están Luís y Elena? Tengo ganas de verlos para
darles un abrazo.
-Están de viaje Marco. Ya sabes que trabajan en la misma
empresa y han tenido que ir a la central de California. Por lo
tanto tenemos la casa para nosotros solos.
Elena, mi prima es una mujer de 29 años que ya es ejecutiva en
la empresa multinacional en la que trabaja con su padre en el
mismo departamento. Suelen viajar mucho y por lo tanto mi tía
Marcia queda desde hace algunos años sola en muchas ocasiones:
-¿Cuándo volverán?
-Creo que estarán fuera 15 días. Pasa y siéntate, ¿Estarás
cansado del viaje?
-Sí, un poco fatigado si que estoy, la carretera me puede.
Pasamos al salón y me senté en el sofá, ella se sentó justo
a mi lado. Nunca hasta ese momento me había fijado en mi tía
como mujer. Era la hermana de mi madre y eso era sagrado para mí,
le tenía un gran respeto, aunque de pequeño como ya he contado
me gustaba espiarla. Cuando se sentó, no pude evitarlo, mis
ojos se clavaron en sus piernas, concretamente en sus ingles que
pude verle debido a la apertura de la bata de baño que llevaba
puesta, ella se percató, recogió la bata tapándose y comentó:
-¿Quieres ducharte y ponerte cómodo?
-Sí, me apetece mucho una ducha para relajarme ¿No te importa?
-Al contrario Marco, aprovecharé para vestirme, debajo de la
bata no llevo nada puesto.
Cuando me dirigía hacia el cuarto de baño me percaté de que
mi tía no actuaba tan recatadamente como tiempo atrás ¡Algo
sucede! ¿Qué será? Daré tiempo al tiempo, de momento me
ducharé sin pensar en nada ni en nadie ¡Para qué! Aunque
estaba excitado por la mínima visión de la entrepierna de mi tía,
me pude controlar, abrí el grifo del agua fría, el agua se
encargó de enfriar mis pensamientos...
Una vez terminada mi sesión de ducha relajante, volví a la
sala de estar, allí mi tía esperaba leyendo lo que parecía
ser una revista del corazón (prensa rosa), se dirige a mí
diciendo:
-Marcos ¿Te apetece salir a cenar a un restaurante?
-Sí tía, lo que tu desees. Tú mandas, estás en tu casa.
-¡Vale, ponte guapo!
Siguiendo los deseos de mi tía Marcia fui a mi habitación y me
puse la ropa mejor que traía para pasar los cinco días, me
afeité y me perfumé para la ocasión y en quince minutos
terminé y me fui a sentar en el salón a esperar a mi tía. La
espera fue como es natural larga, ya que las mujeres ¡Algunas
mujeres! Necesitan muchísimo más tiempo para acicalarse. Pero
les aseguro que la espera mereció la pena ¡Qué mujer! De
natural es guapa, pero ataviada ¡Es bellísima! ¿Es amor de
sobrino? No, sí, la verdad es que es una hermosísima mujer, le
digo:
-Marcia ¡Estás guapísima!
-¡No seas adulador! Soy una vieja, resultona, pero vieja.
-¡Vieja! Ya quisieran muchas jóvenes lucir tu cuerpo.
-Que amable eres Marco ¿Te gusta el vestido que me he puesto?
Era un vestido rojo de gasa con vuelos sujetado por dos tiras
finas cruzadas por los pechos ¡Qué escote! Sus pequeños pero
turgentes senos lucían provocadores sujetados por el sostén de
encajes del mismo color, las espalda al aire casi hasta el
talle. Era un vestido de noche realmente espectacular, al que
acompañaba unos zapatos de tacón de aguja que hacían que sus
piernas parecieran interminables ¡Con viejas como esta! Me
sobran las jóvenes, le contesto:
-No sólo me gusta, me excita ¡Qué rabia que seas mi tía!
-No te preocupes, Durante todo el día de hoy no serás mi
sobrino, serás mi marido ¿Qué te parece la idea?
-Me parece muy buena idea ¿Pero marido con todas las
consecuencias?
-Con todas Marco, con todas.
Marcia, mi tía estaba cachonda o estaba aburrida por el
abandono constante de su marido y veía en mí una pareja de una
noche. Era mucho el respeto que le procesaba, pero también era
mucho el aprecio que le tenía como para dejar a una hembra como
mi tía abandonada a su suerte, así que decidí seguirle la
broma:
-Marcia, me apetece darte un beso ¿Me dejas?
-Sí, ¿Dónde quieres dármelo?
Parecía leer mi mente, sabía o intuía que no era en la boca
el lugar donde yo quería dar mi primer beso, durante unos
segundos dudé si decirle el lugar donde deseaba poner mis
labios, me armé de valor y le dije:
-Marcia, quiero besarte... quiero besarte...
En el último momento no tuve valor para decirle que deseaba
besar su vagina y de mis labios salió una tenue voz diciendo:
-Marcia, quiero besar tus labios.
-Adelante Marcos ¡No te cortes! Recuerda que eres mi marido.
Como yo seguía más cortado que un café con leche, Marcia cogió
la iniciativa, se levantó la falda dejando su minúscula
braguita de seda color rojo al aire:
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